Se cuenta del famoso traductor de la Biblia, Juan N. Darby, que, durante unas vacaciones entre las sierras, se encontró con un pobre pastorcito de ovejas que estaba enfermo.
Un agente viajero se encontraba solo y triste en su cuarto en el hotel; no había tenido mucho éxito en sus ventas y se sentía muy desanimado. Tal era su desilusión que pensaba en suicidarse.
El famoso inventor Benjamín Franklin fue enviado como embajador a Francia. Francia se hallaba paralizada por el veneno del ateísmo. El señor Franklin fue invitado a unirse a una sociedad atea de hombres literatos para el exterminio de la Biblia.
Desde el frente de la guerra mundial, el capitán Clifton Bell nos habla ahora de enormes proyectores manejados por batallones, con capacidad cada uno de estos reflectores de 800.000.000 de bujías eléctricas, de tal manera que entre los ejércitos está ya en boga este grito de combate: “Luchamos con luz”:
Hace algunos años que fueron mandados algunos tratados a la prisión de Otzu, isla del Japón. Uno de los prisioneros estaba muy interesado en las verdades que contenían, y los leía y los enseñaba a sus compañeros.