Hace muchos años, me dirigía a mi casa en Chicago, cuando vi a un hombre que estaba apoyado contra un farol. Me acerqué y poniéndole la mano en el hombro le dije: - ¿Es usted cristiano?
Cuenta la historia que un hombre fue condenado a muerte. Cuando ya iba a ser decapitado, el príncipe que era el encargado de la ejecución le preguntó si tenía algo que pedir. Todo lo que el reo pidió fue un vaso de agua.
El conde de Polignac debía muchos favores a napoleón, sin embargo le traicionó. Bonaparte ordenó su arresto, teniendo como base de prueba una carta en la cual el conde se comprometía en un complot político.
A una muchacha de doce años que se hallaba moribunda le pregunto a su madre: -¿No temas a la muerte, hija mía? - No madre, fue la respuesta de la gozosa muchacha.
Cierto salvaje acudió muy acongojado a un misionero, porque su perro había devorado algunas hojas de una Biblia que le había sido regalada pocos días antes en la Misión.
Reside en Buenos Aires un “joven” bautista de ochenta y siete años muy conocido en el ambiente evangélico. Y decimos “joven”, porque a pesar de sus años don Máximo Daglio trabaja en la obra del Señor con un entusiasmo propio de la edad juvenil.
El hijo del famoso gangster Al Capone, mientras cumplía su servicio militar en el ejercito de los Estados Unidos, fue enviado a Londres. Mientras caminaba por las calles, se sintió atraído por el canto en una reunión evangélica que se realizaba en una esquina.