Seamos honestos: algunas partes de la Biblia son difíciles de entender. ¿Ha leído usted alguna vez una porción una y otra vez, tratando de comprender exactamente lo que Dios está tratando de decir?
¿Le suena esto familiar? Usted toma la resolución de pasar más tiempo en la oración, lo hace a la hora fijada, cae de rodillas, abre su boca y no logra nada.
En Hechos 8, Felipe trajo a Samaria las buenas nuevas de Jesucristo, y la multitud lo escuchaba con atención (vv. 5, 6). Debió haber sido emocionante ver esa receptividad al evangelio.
¿Qué es un testimonio? Algunos cristianos piensan que es simplemente un breve relato de cómo ha actuado Dios en sus vidas. Aunque eso puede ser parcialmente cierto, nuestro testimonio es mucho más que sólo una breve historia.
Cuando enfrentamos situaciones difíciles, es natural que acudamos a amigos de confianza y a familiares para que nos ayuden. A veces, las palabras de aliento de un ser amado resultan ser el catalizador que nos hace volver a Dios.
A algunos creyentes les gusta presentar su vida como perfecta y despreocupada. Pero en realidad, ser cristiano no siempre es fácil. De hecho, experimentaremos pruebas que probarán nuestra fe y capacidad para confiar en el Señor.
Todos enfrentaremos en algún momento decisiones que pondrán a prueba nuestro carácter. Cuando tenemos que tomar una decisión que pugna con nuestro sistema de valores, quien responde primero es nuestra conciencia, un regalo que Dios nos ha dado.
Si entendemos que somos pecadores salvos por gracia, es posible que luchemos con la idea de una "conciencia sin ofensa [pura]" (Hch. 24:16). Después de todo, conocemos nuestros corazones y nuestras motivaciones.