Leer | Romanos 5:6-21
Jesús es el regalo precioso y perfecto de Dios a nosotros. Este regalo, enviado del cielo, fue dado voluntariamente a un gran precio porque nuestra necesidad era desesperante. Dios hizo un regalo que es:
Universal y personal. El Padre celestial ofrece salvación a todo el mundo por medio de Jesucristo, una persona a la vez (Jn. 3:16). Todo aquel que le recibe, descubre su valor sin límites.
Preventivo. Cuando Jesús se convierte en nuestro Salvador personal, se nos concede el perdón y somos libres de la condenación por nuestro pecado (Ro. 8:1). Este regalo divino nos evita tener que enfrentar la muerte eterna, lo que significaría la separación eterna de Dios.
Eterno. Lo que Jesús nos da dura para siempre. Desde el día de nuestra salvación, el Espíritu de Cristo mora en nosotros y permanece con nosotros. Como miembros permanentes de la familia de Dios, tenemos una herencia en el cielo que no puede contaminarse ni marchitarse (1 P. 1:3-5).
Lleno de amor. Fue el amor incondicional lo que motivó que el Padre sacrificara a Su Hijo en lugar nuestro. Ninguno de nosotros merecía ese amor. En algún punto, todos hemos pecado (Ro. 3:10). Es decir, nos hemos apartado de Dios para seguir nuestros propios deseos. A pesar de ser quienes somos, Dios nos amó y lo probó con la vida y la muerte de Su Hijo Jesús. Su amor nos salva de la esclavitud al pecado y nos transforma en las personas que Él quiere que seamos.
Si usted no ha aceptado la oferta de salvación de Dios a través de Jesús, hoy puede ser su nacimiento espiritual. Pero si ya pertenece a la familia de Dios, conoce el valor de ese regalo. ¿No quisiera hablarle a alguien hoy acerca de este maravilloso presente? |