Nuestro ministerio está determinado por la conjunción de trabajo del Poder y Sabiduría del Espíritu Santo con la verdad de la Palabra de Dios. Tal vez esa sea la diferencia entre los que vienen a la reunión de la iglesia para ver: “que les tiene el Señor, cómo les va a bendecir, que les va a dar hoy”, y aquellos que entiendan que a la reunión, primariamente, venimos a dar, venimos a adorar, venimos a romper el frasco de perfume delante del Señor. Porque dándole a Dios, recibimos de Él, para salir y darle al prójimo.