Nos hemos dado cita hoy aquí para dedicar este hermoso templo a Dios, nuestro Padre Celestial. Y para hacer reconocimiento público, en humildad y gozo, de que es primeramente por la bondad y la ayuda eficaz de Dios que hoy vemos coronados nuestros anhelos de tener un templo nuevo, un edificio digno del evangelio que predicamos y de la causa que estamos llevando adelante.
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