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Qué es la muerte
Predicas de Adolfo Robleto
 

Sermón para un Culto Fúnebre
1 Corintios 15:54-58

Pensemos en que nosotros mismos un día seremos llamados por nuestro Creador y entonces, queramos o no, dejaremos la vida ente para entrar, por así decirlo, en el océano de la eternidad.

Para infinidad de individuos, la muerte es un enigma terrible e indescifrable. El solo pensamiento de ella les aterra. No saben si hay un más allá, y si lo intuyen, no saben cómo es y qué les espera. Esta es una inseguridad y una ignorancia contraproducentes. El célebre bardo mexicano, Amado Nervo, con motivo del fallecimiento de su madre escribió los siguientes pesimistas pensamientos:

En vano entre las sombras

de mis brazos siempre abiertos,

asir quieren su imagen con ilusorio afán.

¡Qué noche tan callada, qué limbos tan incíertos!

¡Oh Padre de los vivos, ¿adónde van los muertos?

¿Adónde van los muertos? Señor, ¿adónde van?

Siendo, pues, que la muerte es inevitable, es conveniente que pensemos en ella. Y acudamos a la Biblia, el Libro de la sabiduría eterna, para encontrar la respuesta a esta inquietante pregunta: ¿Qué es la muerte? Porque la Biblia, como el libro del hombre nos habla de la muerte; y la Biblia, como el libro de Dios nos habla de la vida. Vamos a hacer cuatro afirmaciones contundentes, arrancadas del terreno de las Sagradas Escrituras, acerca de lo que es la muerte.

LA MUERTE ES LA CONSECUENCIA DEL PECADO

En la narración y en las enseñanzas de la Biblia, el fenómeno de la muerte aparece íntimamente ligado al pecado. 0 sea, que el pecado engendra, produce la muerte. Cuando Jehová Dios puso a nuestros primeros padres, Adán y Eva, en el huerto del Edén, él les prohibió explícitamente que comieran del fruto de un árbol. Les dijo: "Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Génesis 2:1 7). La triste historia del hombre es que desobedeció el mandato de su Creador y entonces la sentencia divina se cumplió.

Aquélla fue una caída catastrófica, pues cuando Adán cayó, todos caímos. En interpretación teológica de aquel lamentable acontecimiento, el apóstol Pablo declara lo siguiente: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12).

El tremendo impacto del pecado puede verse, pues, en que su comisión fue como el estallido de una bomba atómica, cuya radiación destructora se ha extendido al través del tiempo y ha sido la nube negra que nos envolvió a todos; y la muerte así, cual gigante espantoso, se pasea por todos los rumbos del planeta ejerciendo su aplastante dominio. Aun Jesucristo, como hombre, y por haberse hecho por nosotros pecador, no estuvo exento al flagelo implacable de la muerte. El también tuvo que morir. Por manera que porque hubo pecado es que hay muerte.

LA MUERTE ES LA TERMINACION LOGICA EN EL PROCESO DE DESINTEGRACION ORGANICA A LA QUE ESTA SOMETIDO NUESTRO CUERPO
Es harto evidente que la muerte es inevitable. Esto ni siquiera se discute. La declaración bíblica es clara al respecto: "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, . . . " (Hebreos 9:2 7). Esto es, en el orden presente de cosas, la muerte es una realidad inexorable. El Apóstol añade: "De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida" (2 Corintios 4:12). La vida es un proceso biológico, y como tal, tuvo su comienzo, tiene SU Continuación y tendrá su final o conclusión, Vivir, pues, es un desintegrarse lentamente hasta el epílogo de la extinción.

Por eso es cierta la afirmación de que viviendo es que morimos y muriendo es que vivimos. Se puede comparar esto a un mecate que con el uso se luye hasta que se rompe, o como una vela que alumbrando se consume hasta que se apaga. Cuando cumplimos, como se dice, un año más de vida, es realmente un año menos. La vida, desde este punto de vista, es una suma que se convierte en resta.

De modo que el pecado viene a ser una potencia desintegradora en el organismo humano, una fuerza en constante operación hasta que consuma su acción destructora en el fenómeno físico que llamamos muerte. Cuán cierto es, pues, que en el momento en que nacemos empezamos a morir. La ley de la muerte está en cada ser humano.

III. LA MUERTE ES NUESTRO ENEMIGO

Así la llama la Biblia, pues dice el apóstol Pablo: "Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1 Co. 15:26). En muchos sentidos, la vida es un continuo luchar por sobrevivir, puesto que el cuerpo tiene que defenderse de muchos enemigos dentro de sí mismo y afuera. Son muchas las fuerzas que atacan al hombre, tales como las enfermedades, la crudeza del clima ora frío o caliente, las catástrofes, etcétera. Pero la muerte es la que asesta el golpe completo y final.

Afortunadamente, la muerte es una cosa sólo del presente; ella no será para siempre. Su dominio es fuerte, pero temporal. Su daño es grande, pero no total. Más allá de sus sombras negras, brilla una luz de esperanza. El Espíritu Santo nos dice en Apocalipsis 21:4 lo siguiente: "Enjugará D los toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron." Hay "las primeras cosas pero es cierto también que habrá las postreras cosas. Aquéllas se caracterizan por el dolor; éstas tendrán la nota del gozo. Sí, la muerte es nuestro enemigo, pero tenemos la promesa de que este enemigo será destruido. Por eso el cristiano puede pensar de la muerte con tristeza pero también con esperanza. La muerte nos destruye a nosotros, pero el Señor Jesucristo destruirá el imperio de la muerte.

IV. LA MUERTE ES EL ARMA DE DIOS PARA ABATIR EL ORGULLO HUMANO

Este es un aspecto que conviene reconocerlo. Dios es el Señor de la muerte en el sentido de que él permite la muerte y la tiene bajo su control. Jesucristo, victorioso sobre la muerte y en el trono de su majestad en las alturas, declaró: "Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Apocalipsis 1 :1 8). El hombre no puede enorgullecerse más allá de cierto punto. Aun su orgullo por las cosas prominentes que hace es, realmente, impropio; pero, después de todo, su grandeza no puede ir muy lejos, porque cuán cierto es que toda gloria termina en el sepulcro. Todos van a parar al cementerio. Si en la vida muchos se creen superiores a otros, y desprecian a los demás como si fueran personas insignificantes, en el sepulcro todos son iguales. Allí se pudren el rico y el pobre, el sabio y el ignorante. Un poeta escribió:

"Aparece, pasa, brilla la hermosura,

Cual sol que nace y muere en la mañana.

Sombra es la vida, sueño la ventura;

Humo y escoria la grandeza humana."

Contra esta arma -la de la muerte- no valen armas.

La muerte, pues, le pone un "hasta aquí" al orgullo, a la codicia y a la crueldad del hombre. Es una insensatez hacer plan ' es de muy largo alcance, sin someterse a la voluntad de Dios y sin contar con la realidad de que en cualquier momento Dios puede interrumpir nuestros planes. ilustraci'ón: Carlos Gardel, el famoso cantante argentino, al despedirse de sus amigos en Buenos Aires, desde la escalerilla del avión les dijo: "Hasta luego o adiós para siempre." Y Carlos Gardel, al caerse el avión cerca de Medellín, Colombia, pereció al igual que los otros pasajeros.

Hasta aquí, mis amigos, todo lo que hemos dicho es cierto de la muerte de 1os hombres en general. Estas son consideraciones de una aplicación universal. Pero con respecto a la muerte de los creyentes en Jesucristo, el lenguaje y las enseñanzas de la Biblia son diferentes. Para los cristianos, la Biblia es el libro de la esperanza, y aun la muerte, terrible en sí, tiene un significado distinto tratándose de quienes hemos puesto nuestra fe v confianza en Cristo y en la Palabra de Dios. A la luz, pues', de lo que a este respecto la Biblia enseña, podemos hacer las siguientes tres hermosas declaraciones.

La muerte es un dormir, un dormir en el Señor
Es interesante que cuando la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, se refiere a la muerte de los justos, alude a ella como "dormir en el Señor!-". Con motivo del fallecimiento de, Lázaro, el hermano de Marta y María, Jesús dijo a los discípulos: "Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle" (Juan 11 : 11 ). Ante la visión de todas las realidades y especialmente la de la resurrección, Jesús vio la muerte de su amigo Lázaro como un dormir. 0 sea, que uno duerme pero solo por un tiempo. Después viene el despertar. Pero, lo más bonito y consolador en esta afirmación del morir de los cristianos, es que es un "dormir en el Señor". Y siendo así, hasta podemos decir: "Qué lindo es dormir en el Señor."

Pablo alude a la muerte de los justos de igual forma. Dice él: "Tampoco queremos, hermanos, que ignoreis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él" ( 1 Te. 4:13, 14). Conociendo esta verdad y teniendo esta esperanza, el cristiano no teme a la muerte. Piensa de ella como el venir de la noche cuando va a dormir, pero esperando la mañana de su despertar. Pero el que no es cristiano no puede mirar a la muerte así. Mientras que para él la muerte es el término de todo, para el creyente en Jesús la muerte es el comienzo de todo. El verdadero creyente muestra serenidad ante la muerte y una confianza confortadora en las preciosas promesas de la Palabra de Dios.

2. La muerte es una siembra

Esta es otra analogía que el Nuevo Testamento emplea al referirse a la muerte de los justos. Es una analogía hermosa y apta, porque, realmente, a la luz de la resurrección, la colocación del cuerpo de un creyente difunto en el seno de la tierra es como si se estuviera sembrando una semilla. La siembra es una labor de gozo, porque el que siembra lo hace con la esperanza de la cosecha. Esta es, pues, otra razón para que los creyentes en el Señor no le temamos a la muerte, ni para que lloremos como los otros que no tienen esperanza" cuando se trata de dar sepultura a uno de los discípulos de Cristo.

Y por qué se la compara a la muerte con una siembra?

Porque eso es precisamente lo que ocurre: el cuerpo, al igual que la semilla en la tierra, se muere, pero de su muerte brota la vida, así como un pequeño tallo surge de la semilla que fue sembrada y llega a ser una planta frondosa y que da flores y fruto. Por manera que en la labor de la siembra, más que llorar porque a la semilla no se la volverá a ver, hay regocijo por la plan1 tarde sí se la va a ver. ¿No es esto glorioso,

Esto y más es lo que el Apóstol nos dice en su célebre pasaje de la resurrección de los creyentes, y que se lee en 1 Corintios 15:36-38; 43, 44.

Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da al cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo . . . Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual ...

3. Pero, además, la muerte es una promoción

El creyente, al morir, es promovido a algo mejor. En vez de sufrir una pérdida, experimenta una ganancia. Cuando analizamos lo presente a la luz de lo porvenir, en verdad que casi no hay comparación. Y porque la muerte es una promoción, es que Pablo escribió esta maravillosa afirmación: "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse " (Romanos 8:18).

Para el cristiano, la vida es como una escuela- en ella aprende y actúa. Y la muerte es una promoción, o sea que entra a un tiempo de premio y de regocijo. Siendo así, hasta puede despertarse en uno el anhelo de morir. Andamos en esta fe y vivimos de esta esperanza. Así lo declara el Apóstol en el siguiente precioso pasaje:

"Así que vivimos confiados siempre, v sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor." (2 Corintios 5:6-8).

Cuando uno estudia y cursa una carrera profesional, los años de estudio a veces se sienten largos y pesados, pero el estudiante empeñoso siempre está mirando a la conclusión de sus estudios, a la noche de su graduación; y esto lo alienta y le hace llevar la carga de los estudios con perseverancia y aun con regocijo. El cristiano también, por la fe divisa las playas de la gloria, la luz esplendoroso de la vida eterna, el momento indescriptiblemente feliz cuando irá a estar en la bendita presencia de su Señor y Salvador Cristo Jesús. Mira, pues, hacia una victoria y no hacia una derrota. Pablo fue consciente de esta verdad y él lo expresó así:

"Porque yo va estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; v no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida." 2 Timoteo 4:6-8).

Algunos de nuestros himnos expresan también esta verdad y esta esperanza, tales COMO:


Alguna vez va no estaré

En mi lugar en esta grey;

Mas cuán feliz despertaré

En el palacio de mi Rey.


Y: En presencia estar de Cristo,

¡Ver su rostro ¿Qué será?

Cuando al fin en pleno gozo

Mi alma le contemplará.

Cara a cara espero verle

Más allá del cielo azul;

Cara a cara en plena gloria

He de ver a mi Jesús.

CONCLUSION

De todo lo dicho, que es enseñanza bíblica, se desprenden dos cosas que nosotros debemos atender y hacer:

1. Aceptemos resignadamente la muerte como una realidad inescapable.

2. Estemos debidamente preparados para que nuestra muerte signifique un encuentro glorioso con nuestro Salvador.

"Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganaré todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mateo 16:26).

El famoso evangelista Dwight L. Moody escribió: "Algún día leeréis en los periódicos que D. L. Moody ha muerto; no lo creáis. Cuando digan que estoy muerto, estaré más vivo que nunca.

Y, en verdad, cuando él estaba muriendo, los que le rodeaban le oyeron decir: "La tierra retrocede, el cielo se abre. Dios me está llamando.

Así mueren los cristianos; así se despiden de este mundo los que confiaron en el Señor Jesucristo. ¿Qué es la muerte? Ya lo sabemos. Entonces, mis hermanos, no lloremos con desconsuelo, sino que alabemos a nuestro Dios por la vida, y alabémosle por nuestro porvenir.

 

 

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