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La Culpa
Autor Pastor Juan Carlos Hoy
 
 

Romanos 2:14-15 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,

15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,

Al mirar estos versículos nos damos cuenta que Dios dotó al hombre de una conciencia.

La cual cumple la función de reargüir al hombre, cuando este hace algo incorrecto, llevándole a su vez un estado emocional o espiritual de acusación, y lo mismo ocurre cuando hace lo bueno, le lleva a un estado de satisfacción, paz y tranquilidad emocional y espiritual.

La conciencia en si, significa el tener un conocimiento con uno mismo.

La conciencia es la que da testimonio de nuestra propia conducta, es tener aquella facultad gravada dentro de nosotros mismos, mediante la cual llegamos a saber la voluntad de Dios, como aquello que está dispuesto para gobernar nuestras vidas, de ahí que cuando se trastoca, se viola o quebranta lo que es bueno, se produce un sentimiento de culpa delante de Dios y con uno mismo.

Podemos decir que, la conciencia también es aquel proceso de pensamiento que distingue lo que considera moralmente bueno o malo.

Es por ello que la conciencia nos impulsa a hacer lo bueno y a evitar lo malo, pero lamentablemente nuestra naturaleza, es una naturaleza inclinada al mal, y por consecuencia aunque nuestra conciencia nos grite que no hagamos lo malo... Muchas veces le desobedecemos, y eso a su vez produce dentro de la persona un sentimiento de culpabilidad, por haber violado la ley que la persona tiene escrita en su corazón por Dios mismo.

Es muy importante que nosotros revisemos lo referente a la culpa... Ya que una persona cuando se siente culpable de algo, puede producir dentro de ella misma un sentimiento de vergüenza, de suciedad, que con el transcurso del tiempo le llevan a una etapa de depresión, desánimo, de angustia, de sequedad, en su vida emocional y espiritual, que pude traer consecuencias incluso fatales...

Revisemos en este día ¿qué es la culpa? Y como salir de ella...

La culpa puede definirse como un sentimiento de pecado, de maldad, de conducta incorrecta o ineptitud. El reconocimiento de la culpa se presenta en la edad en que la persona distingue el bien y el mal. Debemos saber que existen 2 tipos de culpa.

Hablemos del primer tipo de culpa:

Esta es la culpa real, puesto que todo ser humano tiene inclinación inherente hacia el pecado, quebranta la ley de Dios y es culpable de pecado, la sensación de vileza y maldad como resultado de transgredir la ley de Dios se conoce como culpa real.

Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

La culpa real, es un sentimiento inducido por el Espíritu Santo cuando se ha quebrantado la ley de Dios, y al violar la ley de Dios viene ese sentimiento de aprensión y pecaminosidad o suciedad, incluso, producido muchas veces antes de que se cometa el acto deshonesto.

Luego entonces, que se comienza a dar forma al acto malicioso ya hay desasosiego e intranquilidad, porque se sabe que lo que se quiere hacer no es correcto y ese sentimiento desaparece al no ejecutarlo y al ya no pensar en aquel deseo incorrecto.

Ahora bien, cuando la persona llega a violar las leyes divinas pecando, el sentimiento de culpa se convierte en un gran peso, una grande carga sobre la persona, y la persona al no conocer la palabra de Dios, busca o buscará escapes falsos para sentirse libre de culpa, pero aunque haga sus mayores esfuerzos con sus limitados recursos humanos para librarse de ella, estos no le alcanzarán para lograrlo, e incluso podría buscar ayuda Psicológica, pero ni aun esto le será de gran utilidad, ya que la Psicología desvía el sentido de culpabilidad, con terapias ya sea buscando culpables o de negación o aceptación, pero en ninguna manera la hará desaparecer, porque la culpa es un asunto entre el individuo y Dios, y no entre persona y persona. Y el único que tiene poder para quitar ese sentimiento de culpabilidad es Dios.

De manera que al no saber manejar o quitar ese sentimiento de culpa por sus propios medios, lleva a la persona a diferentes etapas emocionales, ya que ese sentimiento conduce a irremisiblemente al autodesprecio y auto castigo. Hay personas incluyendo cristianos que buscan a Dios, para tratar de quitar ese sentimiento de culpabilidad de estas formas y se dirigen a él con estos términos:

¡Quebrántame Dios mío por que soy un pecador miserable! ¡Humíllame! Por que te fallé ¡doblégame! Para que aprenda en esta área ¡póstrame! para que no vuelva a pecar contra ti ¡abáteme! Y no me deje levantar si he de volver a pecar. O algunos van más allá gritando a Dios ¡Quítame la vida! ¡Castígame en lo que más me duele!

Esta persona que ha pecado y con el sentimiento de culpa no manejado correctamente, entra irremisiblemente al autodesprecio y autocastigo y eso es muy peligroso para la vida espiritual y emocional, ya que cuando se actúa de esa manera es que se dio paso a la autocondena, y la autocondena generalmente le lleva al autocastigo, y el individuo se puede castigar negándose alimentos, ropa, u otros elementos materiales.

Algunas tribus primitivas se infligen o se ocasionan dañó físico, como esfuerzo por expiar los sentimientos de culpa producidos por el pecado, o a veces también actúan o se proyectan en crítica indebida.

Esta persona critica constantemente a los demás; y les atribuye las faltas y defectos que a el o a ella le son propios, o también tiene una expectativa de censura, esta persona cree que quienes le rodean lo van a censurar y a condenar, y cree que el mundo lo tiene por indigno.

La persona que sufre estos síntomas, llega a ser una persona que sufre estados de constantes depresiones. Porque ha pesar de lo que ha hecho autocondenarse, autocastigarse, no le ha hecho libre y mucho menos tendrá paz.

Esta persona suele tener fuertes sentimientos de culpa, ya que se cree pecador e indigno y cree merecer castigo por sus faltas, pecados, o incapacidad y suele angustiarse continuamente por algún acto cometido incluso muchos años atrás.

Al no lograr con sus esfuerzos eliminar los sentimientos de culpa y preocupación, le hace sentir indigno y pecador y cuando lee le Palabra de Dios, la interpreta mal, fijando solo su atención en los versículos de juicio y condenación, esa persona necesita saber urgentemente como librarse de la culpa.

El incrédulo por lo regular para librarse de la culpa que muchas veces le produce depresión, acude a la ayuda profesional. Pero debemos de gravarnos esto en nuestro corazón: los genuinos sentimientos de culpa, no pueden racionalizarse y disiparse por los esfuerzos del mejor orientador, consejero o terapeuta, no con castigos corporales buscando la expiación, ya que esos sentimientos de culpa han sido implantados por Dios, no con el fin de destruir al ser humano metiéndolo en angustias y depresiones; sino con el fin de que el hombre rectifique o modifique su camino y no se pierda. Así como estos sentimientos fueron implantados por Dios, solo él puede eliminarlos.

¿Quién puede ayudar a aquellas personas que luchan con la culpabilidad?

¿El psicólogo? ¿El yoga? ¿La religión? ¿El hinduismo, la meditación trascendental, las terapias?

¿Quién podrá ayudar? Ningún esfuerzo humano, ni terapia, ni castigo.

Jeremías 2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.

(BL95) Aunque te laves, te limpies y te restriegues, ante mí no desaparecerá la mancha de tus faltas, palabra de Yavé.

(DHH) Por más que te laves con lejía y uses todo el jabón que quieras, ante mí sigue presente la mancha de tu pecado. Yo, el Señor, lo afirmo.

(N-C) Pues aunque te laves con nitro, por mucha lejía que emplees, permanecerá marcada tu iniquidad ante mí, oráculo del Señor, Yahvé.

(LBLA) Aunque te laves con soda (carbonato sódico) y uses mucho jabón, la mancha de tu iniquidad está aún delante de mí declara el Señor DIOS.

(TKIM-DE) Aunque uses cepillo y te laves con lejía y multipliques el jabón, la mancha de tus iniquidades aún está ahí ante mí," dice YAHWEH ELOHIM.

Cómo me gusta la descripción que da Joseph Cuk para ejemplificar lo que solo Dios puede hacer con la culpa:

(192-501)

Cuando se realizó la exposición colombiana de 1893... Se reunió en chicago el parlamento de las religiones.

El doctor Jal (Hale) fue el defensor de los unitarios, Vio Kanada fue el que representó al hinduismo y Joseph Cuk, fue el que representó al cristianismo.

Después de que los demás representantes elogiaron las glorias de las varias religiones que profesaban, le tocó su turno a Joseph Cuk.

Dramáticamente él se acercó al frente de la plataforma y anunció en voz fuerte:

“Les presentó a la dama “Macbeth” La dama Macbeth fue el personaje principal del drama “Macbeth”, una tragedia teatral escrita por Shakespeare, en la trama la dama Macbeth, hizo que su marido matara al rey Duncan, mientras este era huésped en el castillo de Macbeth.

Ella era una mujer durísima de corazón, aparentemente ella tenía tranquilidad a pesar de ser la asesina intelectual del crimen del rey Duncan, pero, por fin la conciencia le hizo reconocer lo horrible del crimen que había cometido, a pesar de sostenerlo con un descaro y ufanándose de ello cuando estaba despierta, las horas cuando dormía le eran un tormento.

La congoja la enloquecía, la culpa le perseguía por todos lados... Por fin llamaron al médico de ella y estando él presente la dama se paseaba en su alcoba hablando dormida, la aturdida conciencia de esta mujer daba expresión al delito, aún cuando la dama quiso guardarlo en secreto, en su desesperación ella gritaba:

¡Fuera de aquí, condenada mancha! ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera te digo! ¡Aún esta el hedor! ¡La sangre! ¡Lo horrible del crimen! ¡Ni todos los perfumes de Arabia podrán purificar esta mano! ¡Hay de mí! Gritaba ella.

Esa era la dama de quien habló el hermano Cuk, delante de aquel inmenso grupo de gente en Chicago... Después de presentarla así, se dirigió al doctor Jal el unitario y le preguntó: ¿hay algo señor en su religión que pueda purificar y dar descanso a la conciencia de esa mujer? El doctor permaneció callado... ¡no lo tenía!

Le hizo al Indostaní la misma pregunta, y el también se quedó sin contestar; y luego alzando los brazos hacia la concurrencia dijo apasionadamente:

¡Yo si tengo algo para curar a esa mujer, ese algo es la sangre de Jesucristo! ¡Que es la que limpia de toda maldad y todo pecado! ¡Y trae paz a la alma pecadora!

Para quitar la culpa, la mancha del pecado, no basta de una ceremonia religiosa, ni el hacer penitencia, ni ninguna determinación, ni ninguna obra, ni infligirse castigo: la culpa sólo la pueda acabar el amoroso perdón del hijo de Dios, Jesucristo en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia. Como dice Efesios 1:7

Muchos sentimientos de culpa pueden conducir al arrepentimiento y las personas terminan entregándose a Cristo. Dios perdona el pecado, y entonces la depresión, la angustia, y el sentimiento de culpa desaparecen. Ahora bien, el aceptar a Jesucristo y arrepentirse no significa que estemos divorciados de la antigua naturaleza, la cual cada día lucha contra la nueva, no obstante el creyente tiene fuera de duda, el inmediato acceso a Dios, mediante Jesucristo, el cual perdona al hijo que falla cuando este busca su perdón. Efesios 3:12 en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;

Así que la culpa real, es un sentimiento inducido por el Espíritu Santo cuando se ha quebrantado la ley de Dios, y los genuinos sentimientos de culpa no pueden racionalizarse o disiparse por los esfuerzos del mejor terapeuta, consejero u orientador o por el castigo, ya que han sido implantados por Dios, y solo él puede eliminarlos por medio de Jesucristo, el perdón otorgado por Dios quita de nosotros ese sentimiento de culpabilidad cuando hemos violado sus leyes.

Salmo 103:12-14 Cuanto está lejos el oriente del occidente, Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. 13 Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. 14 Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

Obviamente el perdón de Dios, se produce cuando hay un arrepentimiento sincero en nosotros, y nos apartamos de ese pecado.

Proverbios 28:13 El que encubre su pecado no prosperará, más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

David había pecado, mintió, adulteró con Betsabé, mujer de Urías Heteo, la cual quedó embarazada y para ocultar su pecado, trató de que el marido de Betsabé durmiera con ella, pero al no dormir con ella, fraguó o planeó el asesinato de Urías Heteo, quien finalmente muere al ejecutarse lo planeado contra el, pero David no confesó su pecado a Dios, y al no hacerlo le perseguía la culpabilidad, él se estaba consumiendo por la carga de la culpa y le estaba ocurriendo lo mismo que a la dama de Macbeth.

Salmo 32:4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. [Selah]

Pero, cuando arrepentido confiesa su pecado, Salmo 32:5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. [Selah] ¿Qué sucede? Dios perdona su maldad; y David se siente ligero, libre, ya no tiene sobre su conciencia el terrible peso de la culpa. Vuelve a sentirse vivo, sin condenación y regresa el gozo a su alma y vuelve a cantar al Dios de su salvación: Salmo 32:10-11 Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia. 11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.

Es necesario terminar con el pecado, para que no se sea perseguido por la culpabilidad.

Dice: Hechos 3:19 Así que arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la presencia del señor tiempos de refrigerio.

Un arrepentimiento sincero y el perdón de Dios, acaban con la culpabilidad, con la condenación. Ahora miremos un poco del segundo tipo de culpa, la culpa ficticia, la cual es producida por un ambiente excesivamente censurador.

Suele suceder que este tipo de culpa, produce sentimientos que atormentan a la persona, pero no son de naturaleza espiritual, sino que provienen de causas emocionales, tal vez producidas por ciertas situaciones de ambiente, estos sentimientos pueden desarrollarse comúnmente desde la niñez, y pueden llamarse sentimientos de culpa ficticia, falsa o que no tiene razón de ser.

Esta culpa es producida por ejemplo: al poner metas o expectativas demasiado altas a los hijos, y los hijos al no alcanzarlas se sienten culpables y muchas veces inútiles, situación que con el paso del tiempo, al no haber palabras de aliento de los padres a los hijos, también llevan a los hijos a estados de depresión o inseguridad.

Ese sentimiento de culpabilidad emocional, es producido también cuando se le señalan constantemente los defectos, deficiencias o falta de capacidad que algunos niños tienen, estas faltas constantemente se tratan de corregir con palabras ofensivas que en vez de ayudar al niño, le hacen sentir más culpable, a veces se les suele llamar: inútiles, cochinos, inservibles, burros, buenos para nada, cerebro de mosquito, o que son feos, horribles.

No remarque los defectos físicos y muchos menos cuando un niño usa lentes o se le comienzan a caer los dientes.

No le diga: ¡hay hijo que feo te ves chimuelo! No le haga burla, ya que cuando usted le dice eso al niño, hace sentir al niño culpable de algo que el no tiene la culpa, ya que la dentición es un proceso por el cual pasamos todos.

Ese sentimiento de culpa, con el cual crecimos muchos de nosotros y estamos haciendo crecer a los hijos, no son reales, sino ficticios ya que son culpas que ponen los hombres sobre las personas, al no lograr las exigencias que ellos o nosotros demandamos de las personas. Este estado de culpa no lo produce Dios sino el hombre, pero pueden dañar enormemente las emociones y la espiritualidad tanto del niño como del adulto.

A veces se crece en un hogar estrictamente exagerado, en donde se colocan normas muy altas, y al no lograrlas se culpa a la persona por su incapacidad, y ella crece con un sentimiento de culpabilidad, que también le lleva a la autocondenación o al autocastigo y cada que haga algo mal, ya no necesita que alguien le diga que es un inservible o bueno para nada, ya que él mismo se autonombra así, por ejemplo:

(11-503)

Dos personas están conversando, mientras toman un café, una de ellas, al extender su mano para alcanzar el azúcar, vuelca su taza de café y una reacción típica de la culpa es ¡oh, que tonto e inútil soy! ¡Debería de tener más cuidado! ¡Lo he trastornado todo!

¡Lo siento mucho! Y así continúa la persona regañándose así misma por el accidente. Esto que sucedió es lamentable, pero fue un accidente, y se puede decir ¡perdone, lo siento! ¡Use mi servilleta mientras yo limpio la mesa! Y quizás más tarde se ofrece a pagar si se rompió o se estropeó algo.

La culpa que Dios permite en nosotros por que le fallamos, por lo general está, nos ayudará si es que nos arrepentimos y buscamos su perdón.

La culpa que coloca el hombre... Nos destruirá.

Cuando se haya cometido alguna falta, con la cual se llega a producir ese sentimiento de culpabilidad, se tiene la solución; en el arrepentimiento y la confesión del pecado Dios, el cual es amplio en perdonar Isaías 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

(BAD) Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia.

(DHH) Que el malvado deje su camino, que el perverso deje sus ideas; vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes; vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar.

Lamentablemente hay personas que aunque el Señor les perdona, y ellos o ellas están en paz con Dios, no falta el dedo acusador, señalando constantemente o echando en cara la falta que cometió la persona, y esa culpa que Dios ha quitado, la persona se encarga de volverla a poner sobre la persona que fue perdonada, Haciéndoles con ello sentirse como lo peor, lo más ruin, lo más miserable. Pero esa culpa que Dios perdonó y se vuelve a echar sobre la persona por cualquier ser humano, llámese cónyuge, padre, madre, hijo, vecino, pariente, no es una obra divina, sino una obra satánica.

La persona que echa en cara lo que Dios ya perdonó, tal vez sin saberlo, está siendo un instrumento utilizado por el diablo.

Zacarías 3:1-3 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. 2 Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? 3 Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.

El sumo sacerdote había fallado. Y el sabía como expiar su culpa, por medio de los sacrificios que estaban ordenados por Dios, pero a pesar de que seguramente lo había hecho, ¿quién estaba a su mano derecha para acusarle? Satanás...

Y mire que, para muchos de nosotros quien está a nuestra mano derecha es la esposa, el esposo, los hijos, los padres, los tíos, los parientes, los vecinos e incluso los amigos.

Si el esposo, la esposa, los hijos, el hermano en Cristo han fallado a alguien, o incluso a nosotros, no tenemos por que estarles acusando constantemente, ni de vez en cuando ¡ni nunca, lo que Dios ya les ha o nos ha perdonado!

No seamos instrumento de satanás, para recordar culpas o pecados de nuestros semejantes.

No olvidemos que el arrepentimiento y la confesión del pecado, colocan el alma del que cometió la falta, bajo la bendición de Dios, por lo tanto no seamos un instrumento de maldición.

Y, aunque miremos que la persona no se arrepiente, no nos corresponde culpar o condenar.

No somos nadie, para echar en cara las culpas reales que la persona a lo mejor siente o ya no siente, y nos somos nadie, para poner cargas o exigencias fuera de lo normal sobre el prójimo, que sabemos le van a producir culpabilidad.

Un ejemplo de producir culpa ficticia en el prójimo:

Como tú no has trabajado extras, es por eso que casi estamos muertos de hambre, y no tenemos negocios, empresas, autos casas como los vecinos. Por que eres un inútil.

Mi hijo nació igual de feo que tú, y todo por casarme contigo. Tú hubieras de ser igual de inteligente que el marido de Pánfila, mira nada más como ha prosperado, pero tú eres un pobre bicho, bueno para nada.

Si tú fueras como fulanita, pero por tu falta de cultura, en lugar de ser una bendición eres una maldición.

Por tu culpa nunca hemos hecho nada, eres un cobarde o una cobarde, un miedoso o una miedosa, y sino hubieras hecho esto o aquello ahorita estuviéramos “re bien”.

¿Verdad que esto nada más se da en las novelas de Shakespeare? ¿Verdad que usted nunca culpa a su esposo o esposa de nada? ¿Verdad que todas las ofensas han sido perdonadas y usted nunca echa el pasado en cara?

Se cuenta esto que pasó en Chiapas, no se si sea verídico pero nos puede ayudar:

Había un hombre de campo, que tenía un burrito llamado chapito, este burrito le había servido a aquel hombre por muchos años, pero al pobre burrito le atacó el reumatismo, así que para evitarle el dolor decidió matarlo, lo llevó lejos a la montaña y lo amarró de un árbol, levantó el rifle y apuntándole a la cabeza no se atrevió a disparar, ya que el pobre burrito lo miraba con ojos de súplica, diciéndole; ¡pues que mal he hecho, siempre te he servido, anda pues no me mates! ¿Oh, acaso tú no te enfermas?

Bajó su rifle y jalando a su burrito lo llevó al pueblo, y allí en el pueblo le dijo a un vecino, te doy $500 pesos por matar a chapito ya que yo no tengo el valor de hacerlo.

Este al oír que daría $500 pesos dijo: con gusto lo haré... Así que se llevó a chapito otra vez a la montaña, lo amarró, levantó el rifle y al apuntarle, chapito le mira y le dice ¡y tú quien eres, a ti ni te conozco, además no te he hecho nada para que me mates!...

Y aunque esta persona quería los $500 pesos (pues era casi lo de un mes de salario) ¿cómo le hago? De repente dice ¡ah si! Ya se lo voy a hacer ¡Haré un hoyo para enterrarlo vivo!

Así que comenzó a cavar hasta que estuvo listo el hoyo, y de un empujón, echó al pobre chapito en lo que sería su sepultura, y poniéndose de espaldas para no ver la muerte lenta y agonizante de chapito, echaba la tierra con la pala por encima de su hombro. Creyendo que después de una hora de haber estado echando paladas y paladas de tierra, chapito debía de estar completamente sepultado, se volteó para mirar, pero para su sorpresa ¡chapito estaba sobre la tierra! Chapito al sentir cada palada de tierra sobre su cuerpo se sacudía y se iba subiendo sobre la misma tierra...

¿Cuál es la aplicación de la historia de chapito para nuestra vida? Que cada que le echen o nos echen tierra, que cada que quieran poner culpas sobre nosotros, hay que darse una sacudida y no dejar que se nos peguen.

Hermanos, somos seres imperfectos, somos de barro, siervos inútiles, los cuales de una o de otra manera como dicen los antiguos: hemos metido la pata.

Haber, levante un dedo si ha metido alguna vez la pata, 2 dedos si la ha metido 2 veces, 3... ¡Huy! Yo utilizaría hasta los dedos de los pies... Pero así de imperfectos, Dios nos ama, y él dice que completará la obra que comenzó en nosotros... El último punto que vemos el día de hoy es cuando una persona ha fallado y aunque se arrepiente y sabe que Dios le ha perdonado, el no se perdona así mismo y sigue llevando esa culpa que ya no existe por que Dios ya la quitó y la echó al fondo del mar.

(902)

Miqueas 7:18-19 ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. 19 El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

Si Dios ya echó a lo profundo del mar nuestros pecados, por que insistir en seguirlos llevando, cuando estos ya han sido perdonados. Cuando a los ojos de Dios ya no existen.

Aunque el esposo, la esposa o quien quiera que sea, eche en cara el fracaso, la falta, el pecado que se haya cometido, no tiene por que sentirte ya culpable, se tiene que aprender a perdonarse a sí mismo, porque si así no se hace, siempre le seguirá ese espíritu de culpabilidad, de condenación, que al final de cuentas terminará destruyéndole.

En la ciudad de Oregón, un líder cristiano cayó en un pecado moral, ofendiendo con esto a la iglesia, a la esposa, a los hijos, al enterarse de esto el movimiento al cual pertenecía decidió quitarle.

En un momento perdió todo, menos su familia que había decidido perdonarle, ese hombre que había caído fue buscado por un pastor amigo suyo queriéndole restaurar. Lo invitó a su iglesia y ahí se congregó, dando muestras de un arrepentimiento genuino, su amigo pastor al pasar el tiempo le permitió volver a compartir la palabra, a ministrar y lo hacia muy bien humillado y contrito.

El movimiento que le quitó, al enterarse del fruto de arrepentimiento que daba este siervo, lo volvió a llamar, pero lo mandó a otra iglesia.

El amigo que ayudó a su restauración al enterarse de esto le preguntó ¿cuándo iba a estar en el pastorado? A lo que este siervo contestó ¡nunca jamás lo voy a hacer ya que he avergonzado a Jesús a la iglesia y a mi familia!

El amigo cayó de rodillas pidiéndole a Dios por la restauración de su amigo.

Y así puesto de rodillas; Dios, le dio una visión, en la cual le mostraba una biblioteca muy grande, enorme, con muchos volúmenes y cada volumen tenía el nombre de una persona diferente, y miró como si una lámpara de mano, anduviera buscando un nombre, hasta que se enfocó o se detuvo en el nombre de la persona que había caído.

En la visión, Dios le permitió abrir el libro y leerlo, en lo cual estaba escrita la historia de aquel hombre, el la comenzó a leer desde su conversión y el quiso saber como Dios había registrado la historia de su caída, cuando llegó a esa hoja, a ese episodio, halló que esas páginas estaban en blanco, y al pie de la página estaban escritas estas palabras:

La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado, llorando le volvió a llamar a su amigo y le dijo la visión y el hombre hoy está sirviendo, ese hombre salvó su ministerio.

La palabra del Señor nos dice en: Romanos 8:33-34 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Así que si se ha fallado, y se siente culpable, Dios nos da la medicina: arrepentirse, se pide perdón a la persona que se ofendió y, a Dios, ya que él es fiel y justo para perdonar nuestro pecado y limpiarnos de toda maldad. Después de ello se deben dar muestras, o frutos de un verdadero arrepentimiento, no volviendo a cometer el mismo pecado.

Esposa, esposo, ya no acuse; hermano, hermana en Cristo ya no acuse, ya no culpe, ya no señale, porque mire lo que Dios hace con sus hijos que han fallado y les están acusando.

Zacarías 3:1-5 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. 2 Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? 3 Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. 4 Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. 5 Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.

Yo no sé en que áreas hayamos fallado, en la mentira, en infidelidad, en algún vicio, en alguna perversión, yo no sé que mancha tenga nuestra conciencia, pero si se que Dios el día de hoy la quiere desaparecer.

Si usted a sentido culpa, es momento de arrepentirse de esa falta, cuando tenga oportunidad pida perdón a quién ha ofendido, pida perdón a Dios.

Incline su rostro y agradezca a Dios que la sangre de Jesucristo nos perdona ese pecado y nos quita esa culpa, y a su vez es tiempo de perdonar a los que nos han estado culpando.

 

 

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