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Otro te llevara
Autor Pastor Juan Carlos Hoy
 
 

Juan 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

¡Qué manera tan descriptiva Jesús da a Pedro, acerca de cuando uno ya no es capaz de valerse a si mismo!

Y es la verdad, cuando uno es joven, brinca, salta, corre uno de aquí para allá, va uno a donde le venga en gana, sube uno al cerro, se caminan kilómetros por la orilla del rio, se trepa a los árboles, a la montaña rusa ¡Juventud! Hermosa juventud.

Pero luego viene otra etapa, que si Dios nos presta la vida la experimentaremos. Y vendrán cosas que tal vez no nos gusten, pero el que no nos guste, no nos eximirá de vivirlas.

Tal vez hagamos berrinches, tal vez no querríamos ir a donde quieran llevarnos, pero nos llevarán a donde no queramos.

Esté pasaje habla acerca de la edad, mas cuando ya seas viejo, sin embargo, esa palabra también pudiera aplicar a las personas enfermitas de cualquier edad. Entre los cuales hay niños, adolescentes, jovencitos, personas de 30, 35, 40, 45, 50, 55 y más años, que aunque están fuertes, ya no pueden valerse por si mismas.

Y así cómo los ancianitos, también extenderán sus manos, para que otros les ayuden, les calcen, les vistan, les bañen, les peinen, les carguen, extenderán sus manos para que otros les bendigan.

Dios bendiga esas manos que ayudan al necesitado, Dios bendiga esas manos que cargan con el enfermito, Dios bendiga esas manos que les dedican tiempo, Dios bendiga esas manos que les ayudan a vestirse, Dios bendiga esas manos que le compran y le dan su medicina, Dios bendiga esas manos que les llevan para ser atendidas, y Dios bendiga esas manos que cargan de un lado a otro a esa personita sin considerarla un estorbo, una carga.

Esas personas que ayudan de está manera, están sembrando, están echando su pan sobre las aguas, y Dios no se queda con nada. Esas personas que ayudan reciben bendiciones especiales de parte de Dios. Son bienaventuradas. Y Dios dice a esas personas:

Gálatas 6:9-10 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. 10 Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. ¡Siga sembrando!

Para no hacer dos estudios diferentes, en está ocasión déjeme hablar un poco de la edad, de igual manera como si también fuera para el enfermito.

Ya que hay mucha similitud, casi no hay diferencia en las circunstancias que ambos atraviesan; unas por motivo de la edad y otras por la enfermedad, ambos necesitan extender su mano para que otros les ayuden.

Podemos ver por ejemplo a Jacob, padre de José, ya anciano, de unos 147 añitos, tuvo que ser llevado para poder mirar por última vez a su hijo José Génesis 45:27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió.

Génesis 46:5 Y se levantó Jacob de Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a sus mujeres, en los carros que Faraón había enviado para llevarlo.

Antes Jacob los llevaba, ahora lo llevaban a el, y es lo mismo que sucede con el enfermito, hay que llevarlo, cómo recuerdo que a mi abuelito tenía que llevarlo por lo menos cada mes al hospital General, para que fuera atendido, no se porque razón me escogió a mi para que fuera algo así como su paje, el desde temprana edad sufrió la diabetes, así que ya no miraba bien, y aunque en su juventud se valía por si mismo, llegó a la edad que comenzó a buscar un compañero que le auxiliara en algunas de su necesidades.

Así que fui el elegido, y no crea que brinque de gusto, por tan enorme distinción, pobre de mi abuelo; creo que escogió mal, ya que cuando yo tenía como nueve años empezó con el mi “discipulado”, mi primer misión, era llevarle a que tomara el camión, y ahí me llevaba tomado de la mano, y me decía: “cuando pase el camión que diga Avenida del Trabajo, me dices para hacerle la parada”.

Y en dos o tres ocasiones los mande en otro camión que decía Avenida del Trujano, se parecían, pero no eran iguales y al otro día me decía: ¡Muchacho fíjese a donde me envía!

El no veía bien y yo tampoco, pero el no se había dado cuenta de que yo no miraba bien, así que agarro pollito pero con defecto, ese fue el inicio, luego venían las idas al hospital y teníamos que salir de casa a las 4:30 am. Para llegar a tiempo ¡Imagínese nada más! Para un chavo levantarse a esa hora, era un castigo bárbaro, nos íbamos temprano y regresábamos como a las dos o tres de la tarde, y así fue por muchos años. Yo le decía que cambiara de acompañante, pero no me hacía caso aunque me viera enojado.

El tenía necesidad de ayuda, y me tomó a mí, no sabiendo yo, la enorme bendición que era servir a un ancianito, me pedía que le desatara sus agujetas, que quitara los zapatos, ya no se podía agachar, que le pusiera sus chanclas, que le ayudará con su saco, que le acompañara a cobrar su pensión a ferrocarriles, luego que lo llevará a las juntas de molineros, ¡Que aburrido!

Sin embargo ahí estaba a su lado, sin saberlo me estaba enseñando a servir, luego que lo llevara a la iglesia, iba con su bastoncito y caminaba en cámara lenta, luego que le cortara las uñas de los pies y de sus manos, que lo rasurara, y sabe, eso inició cuando yo tenía como nueve años de edad, y término cuando yo tenía como 28 años, así que le “serví” unos 19 años en activo, todavía un día antes de su muerte le fui a cortar sus uñas y lo rasuré.

¿Por qué le platico esto? Porque es probable que a usted le toque hacer lo mismo con un ser amado, le aconsejo que no se canse, hágalo con amor, no reproche, no pida reemplazo. Porque no sabemos cuando será el último día en activo. No nos quedemos con la pena y la culpa de no haber atendido al ser amado cuando aun era tiempo.

A ese viejecito que me extendió su mano en mi niñez, yo tuve el privilegio de extendérsela en la vejez, incluso me pidió que yo me encargara de llevarlo a su última morada.

Tuve el privilegio de llevarle a los pies de Cristo, de enseñarle la Biblia, de llevarle a bautizar, el me crio físicamente, yo lo crie espiritualmente.

¿Sabe? Uno se priva de muchas cosas por atender a un enfermito, a un ancianito, hay desvelos, disgustos, privaciones, pero a la vuelta del tiempo, hay grandes satisfacciones.

Si a usted le toca, si usted fue el elegido para atender a esa personita, tenga la certeza que quien le eligió no fue tanto el necesitado, sino Dios.

Y Dios se encargará de recompensarle. Dios no se queda con nada, porque lo que usted hace por esa persona lo está haciendo a Jesús, Mateo 25:39-40 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Y tiene recompensa Mateo 25:34-36 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Si no se hace, también se tiene recompensa:

Mateo 25:41-46 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Hay personas que como les pesa ayudar, teniendo los medios y los recursos, cuando no se puede, ni hablar.

Ya cuando se llega a cierta edad, así haya sido campeón en lucha grecorromana, o haya sido un verdadero gladiador, y haya tomado la espada y haya derrotado a miles de enemigos, vendrá el tiempo que ni siquiera podrá uno echarse la cobija encima, y alguien tendrá que hacerlo por nosotros: 1er. Libro de reyes 1:1 Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba.

Llegará la edad en que ya ni el sol nos calentará, llegará la edad en que ya no podamos ni siquiera enderezarnos. Cristo se lo dijo a Pedro; Juan 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

O como dicen otras revisiones; (BAD) De veras te aseguro que cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir.

(BL95) En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.

¿Sabe de qué pasaje está hablando Jesús? Del libro de Eclesiastés 12:1-7 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; 2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia; 3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas; 4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas; 5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles; 6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo; 7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

184 palabras sabias para gente ocupada Charles Swindoll.

(Compilado y modificado por Juan Carlos Hoy)

Tenemos que saber que el sentimiento común entre las personas que van avanzando en edad, es de inutilidad, el de ser una molestia, ellos piensan: “me voy acercando; estoy en el ocaso”.

Luego está el sentimiento de culpabilidad, de haber estropeado por completo su vida. “Si pudiera vivir de nuevo”, se dice “Educaría a mis hijos de un modo bien diferente”. O me dedicaría a otra cosa. Administraría mi dinero de forma diferente. Disfrutaría más de mi tiempo libre.

También pueden darse la combinación de amargura y resentimiento, “He recibido un trato injusto”. “Si me hubiera casado con alguien distinto”.

Hay sentimientos de temor, me da tanto miedo esto, lo otro, el ancianito se enfrenta a muchos temores; temor a la altura, a la bancarrota, a la mala salud, a la muerte, al abandono, a perder la cordura, y docenas más.

El miedo es el huésped invisible de muchas casas ocupadas por personas mayores.

Debemos aprender a ponernos en el puesto del anciano y mirar la vida a través de sus ojos.

Envejecer puede resultar amenazador en un mundo que se mueve con más velocidad que nunca, sobre todo que está rodeado de gente impaciente y a la que no parece importarle los demás.

Los que vamos cruzando los cincuenta tenemos que inclinar muy atentamente nuestro oído a Aquel, que tiene la patente del envejecimiento, debemos con atención escucharlo, el habla de la vejez.

Primero dice Eclesiastés 12:1Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud…

Por fin Salomón el monarca, se ha dado cuenta de la importancia de escuchar a su creador y andar con El.

Ese escepticismo burlón que descubrimos anteriormente brilla ahora por su ausencia; y dice: “Antes de que tenga lugar todo ese envejecimiento, acuérdate de tu Creador. ¡Hazlo en los días de tu juventud!

¿Puede usted imaginarse al abuelo Salomón inclinándose hacía adelante y mirando con paciencia a los ojos de su nieto mientras se acaricia la barba y dice: “Ahora escucha mozalbete, y no olvides lo que voy a decirte? No, el no se dirige nada más a su nieto, también se dirige en este día a usted y a mi.

En el hebreo, la traducción acuérdate, significa, “Ponte decisivamente de parte de”, lo que Salomón está diciendo es: “Toma partido por Dios de un modo decisivo mientras todavía eres joven.

Y Derek Kidner escribe:

Acordarse de Dios no es un acto somero o puramente mental: equivale a dejar nuestras pretensiones de autosuficiencia y dedicarnos a El.

¡Magnifica idea! Le sugiero que hagamos exactamente eso: empecemos a soltar cualquier pretensión de autosuficiencia que pudiéramos tener y digamos: “Hoy me rindo a ti, mi tiempo es tuyo, mis años que restan igual, mi dinero, mis finanzas, mi familia, mis fuerzas, mi servicio”. Eso es ponerse decisivamente a su lado.

Pero la carne replicará con impertinencia ¿cuál es la prisa? ¿Por qué no esperar a los treinta, cuarenta o hasta que hayas cometido algunos excesos juveniles? Así podrás hacer muchas cosas a tu manera y te habrás divertido, ¡Vamos de ese modo obtienes lo mejor de ambos mundos!

Salomón no pierde tiempo contestando esa clase de razonamiento: Eclesiastés 12:1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;

Dejemos que eso nos cale, como podemos ver no se trata precisamente de días “divertidos”, Salomón los llama días malos, ya ni dulces se pueden comer, David un mujeriego llega a la edad de estar nada más como el chinito; “milando a las mujeres”, ya no las puede tocar, ¿por qué? porque ya no se puede ni mover 1er. Libro de reyes 1:3-4 Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey. 4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.

BAD1:4 La muchacha era realmente muy hermosa, y se dedicó a cuidar y a servir al rey, aunque el rey nunca tuvo relaciones sexuales con ella.

Salomón los llama días malos, cualquier inversión en el mal, produce aterradores dividendos; consecuencias, cicatrices, malos hábitos. Es algo que nos afecta mental y emocionalmente, y que trae ligaduras de aflicción las cuales nos vemos obligados a arrastrar.

El cuerpo nos engaña, tratando de convencernos de que seremos jóvenes toda la vida, pero debemos saber que «El diente miente; la cana engaña; pero la arruga no ofrece duda.»

De manera que no esperemos a tener el pelo blanco o ya no tener cabello, para responder a nuestro Dios que nos pide que nos acordemos de El.

Déjeme recitarle está paráfrasis de Eclesiastés 12:1-7 sígame con su mirada.

Hónralo cuando joven, antes que lleguen los años malos, en que ya no tengas alegría de vivir. Entonces será demasiado tarde para tratar de recordarlo, cuando el sol, la luna y las estrellas se hayan oscurecido ante tus ojos envejecidos. Y tus nubes carezcan de un borde plateado. Porque vendrá tiempo en que la vejez hará temblar tus miembros y tus fuertes piernas se debilitarán, y te quedarán pocas muelas para masticar y acaso hayas perdido la vista…

Y te despertaras de madrugada, al primer canto de las aves; pero tú estarás sordo y desentonado, con voz temblorosa. Tendrás miedo de las alturas y temor a las caídas; serás un anciano canoso, marchito, que se arrastra por la vida, sin pasión sexual, aproximándose ante la puerta del sepulcro, a tu morada eterna mientras los dolientes desfilan por la calle. Si, acuérdate de tu Creador ahora.

(Por Charles Swindoll)

¿Cuál es la prisa? Eclesiastés 12:2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas…

Esto parece un cuadro de la vejez, del embotamiento mental y de la depresión y vuelvan las nubes tras la lluvia; ¡Qué descripción tan vívida!

Hay veces que llueve y el cielo queda hermoso, con un azul increíble, limpio, sin ninguna nube.

Pero en la escena que Salomón está describiendo, la lluvia termina y sin embargo el cielo no se ve; por el contrario, aparecen nubes negras una tras otra. Es un cuadro desalentador. El simbolismo que utiliza el monarca es el de una casa en deterioro, que se está viniendo literalmente abajo, y el tiempo encapotado representa la mente envejecida cuando comienza a embotarse.

Cuando tiene uno los 18 años, se acuerda perfectamente, de las citas, los autores de libros, e incluso la página que nos cautivó, pero en años de la vejez, a veces ya ni siquiera se sabe lo que es un libro. Hay personas que les da el Alzheimer. No se acuerdan ni quienes son.

Acompañando también esos años avanzados, vienen las dolencias corporales y las limitaciones físicas, considere Eclesiastés 12:3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;

¿A cuántas personas no habremos conocido fuertes, con manos y brazos de acero? Y al devenir de los años, esas manos antes fuertes, inamovibles, ahora están enclenques, temblorosas, son parte del envejecimiento, que los guardas de la casa comiencen a temblar.

Nuestra “casa corporal” está asentada sobre dos fuertes pilares; las piernas, a las cuales se hace referencia aquí como a los “hombres fuertes”, pero si usted sigue leyendo, verá que al final incluso los hombres fuertes se encorvan. ¡Qué gran verdad!

Usted y yo que solíamos saltar, brincar y correr sin prácticamente ningún desgaste de energía, debemos ahora pensar dos veces antes de salir disparados en alguna dirección. Nos guste o no, nuestros “hombres fuertes” ya no son lo que eran.

Antes, bien que se trepaba uno en los árboles, se cruzaba el arrollo por medio de un árbol caído, hasta corriendo lo pasábamos, nuestra “buena pierna”, parecía de leopardo.

¿Cómo podíamos hacer eso? Mis “hombres fuertes eran potentes” ¿Y ahora? ¡Casi me da un ataque al corazón cuando pienso en caminar sobre ese árbol o un puente colgante entre dos enormes abismos!

A cierta edad, ya no caminaríamos sobre árboles caídos para cruzar un barranco. Tal vez si todavía vemos más o menos, nos convirtamos en poetas al alabar esa madera. ¿Por qué? porque nuestros “hombres poderosos” se están encorvando.

Y además de las piernas vacilantes, las rodillas débiles, y las manos y la voz temblorosa, Eclesiastés 12:3… y cesarán las muelas porque han disminuido…

¡Para interpretar eso, no se necesita ningún curso de hebreo! Los dentistas dirían: “se trata de una oclusión inadecuada”; y nosotros: “Los dientes de arriba no tacan a los de abajo”. Comer requiere más tiempo, ya que hemos de alinear la comida con las cinco muelas que nos quedan, las cuales no coinciden entre sí.

Cuanto más viejos nos hacemos, tanto más tenemos que dar vueltas a los alimentos en la boca.

Cuando usted vea a los ancianitos comprar Gerber o papillas en el súper o en la tienda, no crea tanto que son para sus nietecitos, tal vez sean para ellos. Cuando llega la vejez, las muelas cesan (de trabajar) porque han disminuido, y uno vuelve a comer comida triturada, el pollo molido, la carne.

Eclesiastés 12:3… y se oscurecerán los que miran por las ventanas;

Tampoco se necesita ser muy erudito para comprender esto ¿Cuáles son las cosas que se miran por las ventanas y se oscurecen cuando uno llega a viejo? Nuestros ojos, naturalmente.

Al entrar en años, la vista ya no es tan precisa. Y nuestros lentes aumentan de grosor, seguidamente tenemos que llevar gafas tan gruesas y pesadas que, nos quedan huellas permanentes en el puente de la nariz.

Luego la mala noticia, ahora necesita ya no bifocales sino trifocales. Y dice uno, a la otra ya no voy, ya se la que me espera ¡Cómprese su bastón y su perrito! ¡Yo ya me voy preparando! Ya viene la camada de Labradores.

Otro problema de cuando entramos a los cuarenta es la presbicia o hipermetropía; se va perdiendo poco a poco la vista, no en todos, pero si en gran mayoría.

Otro problema para los ojos envejecidos son las cataratas, que traen consigo el miedo a la ceguera. Pero a veces no solo es el miedo, sino una realidad. El oftalmólogo está lleno de personas entre los sesenta y más añitos. Las ventanas se están oscureciendo.

¿Por qué hemos de acordarnos de Dios cuando “somos” jóvenes? Resulta evidente que mientras estamos en plena juventud poseemos todas nuestras facultades físicas; pero un día llegará cuando Eclesiastés 12:4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela…

Esta es una referencia a nuestro oído. Tampoco oímos ya como en otro tiempo, y una de las expresiones más corrientes que usamos es ¿Puedes repetirlo, por favor? O ¿qué dijiste? O ¡No te oigo, habla más fuerte!

Al hacernos mayores, dejamos de oír esos sonidos tan especiales que en otro tiempo nos gustaban, por ejemplo:

Los sonidos delicados de la música; y Salomón dice en Eclesiastés 12:4… cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas;

El más mínimo ruido acaba con nuestro sueño. Solíamos ser capaces de dormir con el rugido de una locomotora entrando por la ventana, pero ahora no podemos; lo único que se necesita para que nos sea imposible volver a pegar los ojos, es el ruido de una termita comiéndose la madera.

Me parece que hoy resulta casi imposible convencer a los adolescentes que esto les ocurrirá también a ellos, los jóvenes piensan que sólo les sucede a las bisabuelas y a los “antiguos” abuelos. “Pero a mí nunca me pasará”, dicen.

Sin embargo, todas las palabras de Salomón a la larga nos afectan a todos. De eso es de lo que se trata.

Lo maravilloso de la Biblia, es que sus advertencias no sólo son absolutamente fiables, sino que no tienen límite de tiempo.

Las Escrituras nos dicen con antelación la verdad, como ningún otro libro. Y todo el tiempo implica: “Créelo”. En este caso, nos advierte: “Acuérdate de El ahora”. Porqué vendrá un día cuando tendrás que hacer frente, a los factores ineludibles de la lentitud mental y la debilidad física, así lo planeó Dios, de modo que acepta la realidad ahora.

Y me gusta cómo continúa Salomón Eclesiastés 12:4… y todas las hijas del canto serán abatidas;

Tal vez quiera decir que no podremos cantar como antes solíamos hacerlo, ya ni silbar se podrá. Hasta a los de ópera por muy profesionales que estos sean, se tendrán que retirar.

Acto seguido Salomón dice Eclesiastés 12:5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino…

Aquí encontramos por lo tanto la acrofobia, el vértigo o miedo a las alturas. Es bastante corriente que los ancianitos se estremezcan ante la idea de verse en un sitio elevado. Además su conciencia de peligro parece tremendamente aguda. No hay muchos que se despidan de una abuela, sin escuchar hasta diez veces de los peligros que existen en las calles, aunque algunos padres también lo hacemos.

Cuando más viejos nos hacemos, tanto más ultraprotectores nos volvemos, debido a que estamos cada vez más preocupados con los posibles peligros.

Considere ahora la siguiente frase: Eclesiastés 12:5… y florecerá el almendro…

¿Ha visto alguna vez un huerto de almendros en flor? Se dice que en San Joaquín California, es algo muy común, precioso, los árboles adquieren un aspecto gris plateado, Salomón está describiendo vívidamente el cabello gris.

Una esposa decía que su esposo se refiere a sí mismo por sus canas, como el “zorro plateado” aunque ella piensa que sería más apropiado llamarle el “lobo gris”.

Eclesiastés 12:5… y la langosta será una carga…

Aquí miramos la lentitud de movimiento; a los ancianitos les cuesta más llegar adonde van y todo peso es demasiado para ellos, hasta las cobijas les pesan, ya no pueden siquiera alzar sus pies para dar un paso. Hay que ayudarles a recostarse a levantarse, no soportan ni la peso de los zapatos.

Eclesiastés 12:5… y se perderá el apetito; tanto el apetito de comida, como el apetito sexual, ello abarca la incapacidad de llevar fruto, de procrear. Se llega a ser sexualmente impotentes. ¡Menos mal que esto aparece al final de la lista! ¿Verdad que es un alivio, hermanitos? La impotencia constituye una de las últimas plagas que trae consigo la vejez.

En el versículo 6 Salomón vuelve de repente a su mandamiento del principio. “Acuérdate de Dios”.

¿Cuándo? Eclesiastés 12:6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro…

Si no me equivoco se está refiriendo a al apoplejía, derrame, o embolia que es lo mismo. Se está refiriendo a ese terrible momento en que un pequeño coágulo se abre paso al “cuenco de oro” -al cerebro- y se aloja en el mismo. Entonces, súbitamente no somos capaces de alcanzar el interruptor de la luz, y no podemos apagarla, ni encenderla; deseamos hacerlo, sabemos que nuestra cabeza quiere que suceda, pero ya no podemos mover esa parte del cuerpo. ¿Por qué? porque se ha quebrado el “cuenco de oro”.

Por último Eclesiastés 12:6… y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;

Es obvio que se trata del corazón; de la trágica escena de un paro cardiaco. Todo el sistema circulatorio se quebrará cuando y la rueda sea rota sobre el pozo;

¿Verdad que es una manera muy elocuente de decirlo? Pero elocuente o no, se trata de la realidad.

En caso de que Eclesiastés terminara aquí, nos dejaría con un cuadro bastante sombrío.

Si todo lo que pudiéramos esperar de la vida fueran cabellos grises y menos dientes, yo consideraría eso un triste futuro; pero hay más, mucho más.

Hay algo que nos hace esbozar una sonrisa. ¿Qué es? Nuevamente el acordarnos del Creador.

Eso le da una sonrisa al rostro de los ancianos. Cuando se introduce la perspectiva de Dios, es como un rayo de luz que al atravesar un prisma óptico, inmediatamente forma bellísimos colores. ¡Es fabuloso! ¡Es fascinante lo que Dios hace de los sentimientos de culpabilidad, compasión propia, inutilidad y temor!

Su prisma de color y belleza baila sencillamente alrededor de la vida. ¿Y la muerte? ¡Pero si lo único que hace es abrir una nueva puerta!

La vida termina como un majestuoso comienzo de la verdadera existencia, a la cual la muerte no hace sino franquearnos la entrada, lo que en realidad quiero decir es lo siguiente: “Hasta que no estemos listos para morir, no lo estaremos tampoco para vivir de verdad”.

Eclesiastés 12:7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

Usted jamás leerá de esto en revistas seculares, no le encontrará en el periódico, ni tampoco lo verá en las noticias con López Doriga, ni con Javier Alatorre, ni en las revistas proceso, pero recíbalo de Dios, porque sucederá.

Tal vez vivamos un poquito más y luego nos llegue la muerte. ¿Y después de la muerte, qué? el espíritu volverá a Dios que lo dio. Si usted está preparado para ello, verá una sonrisa cual nunca ha visto en su vida terrena; Una sonrisa en el rostro de su Salvador; y lo oirá decir: Mateo 25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Escuchará sonidos que jamás oyó sobre la tierra, y todo porque le entregó su vida a Dios mientras aun era joven, porque se decidió totalmente por El. ¡Maravilloso! Ni siquiera el proceso del envejecimiento anulará el plan que Dios tiene de hacerlo una persona nueva y apta para la eternidad.

Pero ¿Qué si usted no está listo? Siga leyendo: Eclesiastés 12:8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.

¡Hábleme usted de desengaño y calamidad! Al final de su vida, lo único que podrá pretender que tiene, será un sentimiento de futilidad.

Eso me recuerda cierta pequeña pieza literaria escrita en el pasado por alguien que estuvo “demasiado tiempo en la feria”.

Quería que la música siguiera tocando perpetuamente, ¿Habré estado demasiado tiempo en la feria?

Quería que el payaso no dejara de ser ingenioso, ¿Habré estado demasiado tiempo en la feria?

Me compre cintas azules para atarme el pelo. Pero no pude encontrar a nadie que le importara.

Ahora el tiovivo, (el carrusel) está empezando a pararse, ¿Habré estado demasiado tiempo en la feria?

Quería vivir en una ciudad de carnaval. Con risas y amor por todas partes; Quería que mis amigos fueran estupendos y divertidos. Que a alguien le importara, encontré mis cintas nuevas y de color brillantes, pero ahora he descubierto que ya no son azules.

El tiovivo está empezando a reírse de mí. ¿Habré estado demasiado tiempo en la feria?

No hay nada que ganar, ni nadie que me quiera. ¿Habré estado demasiado tiempo en la feria?

Sí la respuesta es “sí”, he conocido a muchas personas que hicieron eso; incluso he enterrado a algunas que estuvieron demasiado tiempo en la feria; y no se de nada más vacío ni más trágico.

La vida no es miel sobre hojuelas, y no deje que nadie intente convencerlo de ello. La existencia es un desafío, es dura, y solo el poder de Jesucristo puede darle la elasticidad necesaria para hacerle frente. En la vida hay dolencias y enfermedades terminales; la vida es quebrantamiento: corazones quebrantados, heridos, lastimados, traicionados, humillados, despreciados, matrimonios disueltos, relaciones rotas.

La vida es no tener la suficiente comida, ni la esperanza necesaria; es desaliento y depresión; supone tiempos de perplejidad e incertidumbre. La vida es deterioro, desengaño, y dura realidad. Sinceramente, no me imagino que nadie pueda soportar la existencia tal cual es, sin tener una verdadera relación con Jesucristo.

¿Sabe usted que hay entretejido en los comentarios de Salomón?

Tres afirmaciones muy prácticas y útiles.

En primer lugar debo aceptar el hecho de que no estoy rejuveneciendo en absoluto.

Sería ridículo que se vistiera como una jovencita cuando cuenta con 65 o 70 años de edad, las varices no van muy bien con los zapatos de colegiala y faldas arriba de las rodillas.

No, el envejecimiento es una realidad de la vida, y la gente que trata de eludir o negar el hecho de que está envejeciendo se engaña a si misma.

Segundo: Dios me ha diseñado para que me encuentre vacío sin El. Dios nos diseñó para que sin El experimentáramos el vacío y la desazón, y a lo largo de todos estos consejos se nos ha recordado que el Señor ha hecho la vida aburrida intencionalmente. ¿Para qué? para que descubriésemos que la belleza, el color y los cánticos de gozo sólo se obtienen siguiendo sus directrices, y no por asesoramiento humano. Dios nos hizo de tal modo que sin El estuviéramos vacíos.

Tercero: Ahora es el momento de prepararse para la eternidad. El prepararse para la jubilación es digno de encomio, y de hecho algo muy prudente en nuestros días, pero ¿se ha preparado para la vida que sigue a la de retirado? Eso resulta más que prudente; es esencial. Si lo ha hecho usted puede sonreír a cualquier cosa que la vida le depare; ya que tiene la esperanza de ver el rostro del Salvador y de escucharlo decir: “

¡Bienvenido a casa!”

Me encanta la historia que cuenta Charles Allen, acerca de un niñito llamado John Todd, nacido en 1800 allá en Rutland Vermont. Poco después del nacimiento de John, la familia Todd se trasladó al pueblecito de Killingsworth, y para cuando el pequeño tenía seis años de edad, murieron sus padres. Pero dejaré que el doctor Allen cuente el resto del relato.

Los niños de la familia tuvieron que ser repartidos entre los parientes, y una bondadosa tía que vivía en el norte de Killingsworth, aceptó hacerse cargo de John y proporcionarle un hogar.

El pequeño vivió con ella por unos quince años. Momento en que el partió a prepararse para el ministerio cristiano.

Cuando John Todd era ya un hombre maduro, su tía cayó terriblemente enferma y ella se dio cuenta de que la muerte no tardaría en llegarle; por lo que muy acongojada escribió a su sobrino una carta lastimera.

Ella preguntaba ¿Cómo sería la muerte? ¿Significaría el final de todo, o habría al otro lado la misma oportunidad para seguir viviendo, creciendo y amando? He aquí la carta que John le mandó en respuesta a la de ella:

“Hace ahora treinta y cinco años que yo, siendo un niño de seis años, me quedé bien solo en el mundo, y tú me mandaste a decir que me darías un hogar y serías una tierna madre para mi.

Jamás he olvidado el día en que hice aquel largo viaje de dieciséis kilómetros hasta tu casa en el norte de Killingsworth.

Todavía puedo recordar mi desilusión cuando, en vez de venir a buscarme tú, mandaste a César a recogerme, un hombre de la raza negra. Recuerdo bien mis lágrimas y mi ansiedad, mientras cabalgaba tu caballo, me sujetaba fuertemente de César, iba hacía mi nueva casa. La noche cayó antes de que terminara el viaje, y al hacerse oscuro me sentí atemorizado.

¿Cree usted que ella se acostará antes que yo llegue? Pregunté a César con ansiedad.

Oh, no me contestó él muy tranquilamente, seguro que te esperará levantada. Cuando salgamos de estos bosques verás su vela brillando en la ventana.

Al cabo de un rato salimos al claro y allá, naturalmente, estaba su vela. Recuerdo que tú te hallabas esperando a la puerta, y que luego me rodéate con tus brazos y me bajaste del caballo, yo no era más que un niño cansado y asustado.

Tenías un fuego encendido en la chimenea, y una cena para mí en el fogón. Después de cenar me llevaste a mí nuevo cuarto, oíste cómo hacía mis oraciones, y luego te sentaste a mi lado hasta que me quede dormido.

Probablemente entenderás por qué te estoy recordando todo esto.

Algún día cercano. Dios mandará a buscarte para que te lleven a tu nuevo hogar. No temas la llamada, no temas el extraño viaje, ni al oscuro mensajero de la muerte.

Puedes confiar en que Dios hará tanto por ti, como tú tuviste la bondad de hacer por mí tantos años atrás, y al final del camino encontrarás amor y una bienvenida esperándote, y estarás segura al cuidado del Señor.

Yo velaré y oraré por ti hasta que desaparezcas de la vista, y luego aguardaré el día que yo mismo habré de hacer el viaje para encontrarte al final del camino, donde tu estrás esperando para recibirme.

En otras palabras lo que John Todd estaba diciendo: “No temas, querida tía, allá te esperan. Estoy seguro de ello, porque hace mucho tiempo vi a Dios a la puerta de tu casa”.

Del mismo modo, usted y yo no tenemos nada que temer, porque nos estemos haciendo mayores. Si nuestra fe está bien fundada en el Salvador, podemos contar con que El, nos esperará al final del camino para recibirnos; de hecho, estará aguardándonos personalmente. Nuestro cuarto está listo, la luz encendida, se nos espera… el nos dará la bienvenida a casa.

Mientras eso sucede, necesitaremos de ayuda para que le enfermedad y la vejez no sea tan cruel, y para ello necesitamos manos llenas de bondad, misericordia y ternura y sobre todo comprometidas, para que nos ayuden ya sea llevándonos al doctor, o asistiéndonos en nuestras necesidades.

Cuando llegue ese momento, no hagamos berrinches, ni nos hagamos los muy dignos, Dios en ninguna manera quiere que muramos confinados a la soledad, el dejó muchas manos que pueden asistirnos en esos momentos, tomémoslas, no las rechacemos.

No olvidemos que alguien tiene que cerrar nuestros ojitos, ¿ya elegimos quién será? ¿Ya dejamos dicho quien se encargara de organizar y de llevarnos a la última morada?

Si no lo hemos hecho, tenemos que hacerlo porqué Juan 21:18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

(BAD) De veras te aseguro que cuando eras más joven te vestías tú mismo e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras ir.

Si usted ya tiene quien le esté ayudando, dele las gracias a Dios y a esa o a esas personas. Bendiga sus vidas y muestre gratitud.

Y si usted no está ayudando a nadie, algún día se le presentará la oportunidad de hacerlo ¿Lo hará? Hágalo, no olvide que está sembrando, que está echando su pan sobre las aguas y tarde o temprano lo encontrará.

Todo el bien que usted haga, tarde o temprano Dios se lo recompensará. ¿Quién quiere echar su pan sobre las aguas?

Déjeme ver si hay en este lugar manos dispuestas, para que cuando llegue el momento de ayudar, sean un canal de bendición.

Levante sus manos, para pedir a Dios bendición para ustedes.

¿Y sabe? Dios tarde o temprano va a utilizar sus manos, si es que no ya las está utilizando.

La mujer de las manos cortadas

"Le cortaré las manos, para ejemplar castigo a quien desde hoy le dé alguna limosna a algún mendigo para acabar con esa costumbre antigua de andar tanto haraposo por mi ciudad sagrada".

Tal fue la dura orden de un severo sultán.... Nadie le dará dineros, ni vestidos ni pan.

Los súbditos del reino, juraron cumplir la orden, y del país los pobres mendigos emigraron. Pasado un tiempo, un mísero hombre desconocido cruzó todas las calles, y cuando hubo recorrido todas las casas, llegó a la de una moza, mujer de aspecto dulce y sonrisa graciosa.

Diciendo: "dame un trozo de pan, buena señora, que vengo de muy lejos y el hambre me devora. No hagas como hacen todos, que me rechazan fieros.

Hazlo en nombre de Dios, que creó los graneros". La joven que oyó el nombre de Dios, con mil afanes y gran temor, al pobre mendigo dio dos panes. Al saberlo el sultán, mandó inmediatamente llevar al palacio a la joven delincuente. ¡Y sin mirarla apenas, hizo que dos villanos cortaran a la bella mujer sus bellas manos!

Días después, cansado de estar solo, el severo sultán llamó a su madre y así le dijo:

"Quiero, para matar mi hastió, y pues que soy muy ambicioso, conseguir una esposa que tenga un rostro hermoso"

"Una conozco-dijole con maternal afecto, pero que tiene ¡Oh hijo!, un gran defecto, y es que no tiene manos, pero ella es tan hermosa que al mirarla a la cara cree uno que es una rosa."

"Tráemela, quiero verla”. Tal defecto es pequeño si tiene un dulce paso y porta un gran ceño"...

Cuando el severo sultán a la joven bella vio, maravillado de ella, la amó y la desposó.

Ella fue la sultana favorita, y un hijo tuvo del casto seno, con que el cielo bendijo su desgracia, pues ella se sentía dichosa mirando de su hijo la carita hermosa.

Mas las otras mujeres, con la envidia del celo y el dolor del olvido, como la serpiente al suelo rastrea, mal pusieron ante el sultán creído a la bella mujer, que al fin dio al olvido, y mandó que llevaran a un desierto lejano a la madre y el hijo ¡Padre y esposo inhumano!

Con el niño a la espalda y buscando agua pura, hasta un hondo poso.

Muy triste llegó, y al asomarse para beber ansiosa, sintió que al frió pozo, rodó su hermosa carga.

Gimió, lloró dolida. Y cuando-loca-quiso arrojarse, dos hombre llegaron de improvisto, y uno le dijo "¿Qué vas a hacer? ¡Sacaremos a tu hijo! ¡Desventurada mujer!

Y en tanto que los hombres doblaban sus rodillas, y una oración elevaban al cielo. ¡Oh maravilla!, sano y salvo del agua el niño fue saliendo, a los hombres mirando y a la madre sonriendo.

Y replicó uno de ellos: ¡A quien cortó tus manos en vida las dos suyas tragaran los gusanos!... Mas las tuyas, sufridas mujer, ¿quieres verlas? Mira, porque un día fuisteis buena, ¡vas a tenerlas!....

Y en tanto que los hombres de rodillas oraban, ¡sobre los dos muñones las manos retornaban!, y se vieron tan suaves, tan blancas y tan ligeras, que ella dijo: ¡son estas mejores que las primeras!....

Más ¿Quiénes sois vosotros, repuso agradecida, que dos bienes tan grandes hacéis hoy a mi vida?... Y respondió uno de ellos con voz dulce de amigo:

¿Nosotros?.. Los dos panes que le distes al mendigo.....

 

 

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